Una familia normal española
"El verdadero castellano es
indomable, no le reduce ni el frío ni el calor ni el hambre ni la tortura, ni
la paz ni la guerra, es altivo y libre bajo una apariencia humilde y sencilla;
y desde remotas épocas, mientras otros pueblos y razas de la historia vivían en
la servidumbre, él sólo impera por la generosidad y el heroismo. Antes morir
que entregarse. Fue aventurero e independiente, con orgullo y dignidad de su
pobreza llega a mendigante, pero no a esclavo. En cambio se rindió siempre al
que le llamó amigo."
Luis Pérez Rubín, escritor
español del s.XIX, Flor de la vida.
Si además, se es castellano viejo
de Ávila de los Caballeros, entonces hay que sumar una cualidad imperativa que
es la lealtad. La lealtad de los caballeros del “Hito del Reto”, que suman a su
altivez la valentía y luchan hasta la muerte en pos de su rey o de su patria.
Ávila es también tierra de
labriegos con talante de señores, como decía Machado. ¿Y cuál es ese talante de
señores? Pues es el señorío que rige todos los actos de la vida, que dimanan de
su inteligencia y de su voluntad. (Alfonso Aguiló).
Para ser “señores” hay que tener
serenidad y equilibrio en la vida diaria. Ni se azoran en la lucha ni se vienen
abajo con los contratiempos. Tienen paciencia en la espera y dan tiempo al
tiempo, sin transigir ni justificar sus actos impacientes. Un señor es elegante
ante el fracaso o triunfo. Ese talante ante la adversidad le hace no hundirse
con los contratiempos y vuelven a empezar sin nerviosismos conservando la
calma, confiriendo un especial atractivo humano frente al que pierde su buen
talante. Ante el triunfo, a un señor no se le suben a la cabeza los éxitos y
los maneja con elegancia y sencillez. Ante la adversidad un señor mantiene su
nobleza, su lealtad y su señorío frente al agravio, por ello mantiene la
palabra dada, es leal y no recurre al insulto ante una afrenta, mostrando clase
y dignidad. No entra con su agresor en el juego sucio de injurias y mentiras y
se defiende sin murmuraciones ante su ausencia. Siempre habla bien de los
demás.
Un señor mantiene siempre el
dominio de sí mismo, empezando por el control de su imaginación que trata de
restar la ansiedad a los sueños, o restar la distracción y fantasía ante la
obligación, o le produce desánimo por la excesiva elucubración. Frente al
desánimo o pesimismo, un señor propone la disciplina mental orientando los pensamientos
inútiles que sobran, protegiéndose de los peligros del pesimismo, de la
tristeza y de la vanidad. Un señor
rechaza la envidia y no se alegra nunca del fracaso de los demás. Tampoco tiene
resentimientos, que hacen del mundo interior un mundo de agravios y rencores
que solo sirven para recordar lo malo.
El señor sabe perdonar y olvidar
y esas son las verdaderas llaves de conseguir la paz interior. El orden en su
cabeza le hace priorizar lo importante, huyendo de lo que le apetece. No hace
lo urgente frente a lo importante, ni lo
fácil antes que lo difícil, ni lo rápido a lo más tardo y lento. El señor sabe
escuchar con corrección. No escucha las adulaciones, admiten sus errores y
rectifican su error de buen grado, manteniendo su estima y un especial afecto a
quien tuvo el valor de advertirle de sus errores, quedándole siempre
agradecido.
Adolfo Suárez con su madre
Ávila es también vieja Castilla,
tierra dura. Antonio Machado en Campos de Castilla, Orillas del Duero, dice:
¡Oh tierra
ingrata y fuerte, tierra mía!
¡Castilla,
tus decrépitas ciudades!
¡La agria
melancolía
que puebla
tus sombrías soledades!
¡Castilla
varonil, adusta tierra.
Castilla del
desdén contra la suerte,
Castilla del
dolor y de la guerra,
tierra
inmortal, Castilla de la muerte!
En la Moncloa
Alfonso Coronel, sublevado frente
a Pedro I el Cruel, en Aguilar de la Frontera, hizo célebre aquella frase ante
su ajusticiamiento : “Esta es Castilla, que hace sus hombres y los gasta”.
Acaba de morir Adolfo Suárez. Ha
muerto un caballero abulense, con talante de señor y gastado en la empresa de
servir a su patria y a su rey.
He leído una nota de alguien que
dice apreciarle a pesar de no haberle votado nunca. Yo le voté siempre hasta
que me quedé sin papeletas en la mesa electoral.
Mis amigos dicen que Adolfo era
uno de nuestros jefes en los campamentos de verano, cuando éramos niños. Pero
la verdad es que yo no le recuerdo allí, en Gredos. Supe con el tiempo que
estudió leyes en Salamanca con un tío mío y el último reducto de su partido
aguantó hasta el final en su Ávila capital siendo el Presidente provincial mi
primo y amigo íntimo José María. También en Córdoba fue su máximo
representante, mi amigo Antonio José Delgado de Jesús, quién en una comida en
Lucena, me lo presentó y hablamos un poquito los tres. Me dijo que al día
siguiente estaría en mi pueblo con mi tío, lo que me hizo estar con Adolfo
Suárez como con alguien muy familiar. Estuve otras veces con él, pero el
magnetismo que producía en la gente, era imposible acercarse a menos de cuatro
metros, ya que un círculo de personas le rodeaba perennemente, todos
queriéndole tocar.

Pero siempre fui de su partido y
le ayudé cuanto pude. Estuve muy cercano a los cuadros directivos pero no quise
ser político nunca. Sin embargo tuvo siempre mi lealtad. Por eso, yo como nadie
sé lo que tuve que soportar de cuantos le negaron el pan y la sal a Adolfo
Suárez en aquel momento. Ahora, tirios y troyanos le añoran y vituperan. Pero
no les tengo ningún rencor. Esta es Castilla, que hace sus hombres y los gasta.
Yo añado además, que en España sublimamos a una persona con la muerte. Yo también soy abulense, de manera que debo
aplicarme el tener el talante y señorío de nuestros labriegos. No, no tengo
rencor.
Ríos de tinta corren en halagos
del hombre que ha muerto. Todos ciertos. Unos reconocen su obra, otros su
audacia, otros su valentía, su magnetismo, su simpatía…su honradez. Páginas y
páginas que hablan del político, del hombre, del amigo, del marido y del padre.
Hace unos años vine de Ávila
informando de un escándalo ocurrido en la ciudad, porque Banesto había
embargado la casa del ex presidente Suárez pues no le había podido pagar a
tiempo un crédito. Una casa hecha piedra a piedra, con toda la ilusión de una
vida. También yo hablaba de cómo su amigo Osorio le hacía partícipe de
comisiones para meterle dinero en su casa, casi engañándole. Con toda
seguridad, la tragedia familiar se cebaba en la casa de Adolfo Suárez, motivada
por las enfermedades de su esposa e hijas. Solo se encaraba a su tragedia con
un reducido número de amigos. Solo unas declaraciones de Adolfo en cualquier
publicación, le hubieran servido para ingresar millones y resolver su problema
económico. Cualquier libro de memorias del que sabía más que nadie. Manos y
corazón límpios.
Adolfo Suárez tuvo muy buenos
amigos. Yo conocí a alguno de ellos. Chus Viana era un vitoriano al que le vi
defender en las Cortes a su amigo Adolfo, encarándose con los traidores de su
propio partido. A los dos días de aquello coincidí con él en un vuelo de Madrid
a Vitoria y me contó los detalles de aquella intervención. Olvidé aquellos
detalles pero solo recuerdo que ese amigo lo quería yo para mí. También conocí
a Daniel de Fernando, Presidente de la Diputación de Ávila y a José Luís
Sagredo, de Salamanca, Consejero de la Junta de Castilla y León en Valladolid. Amigos íntimos de verdad.
Ignacio Gallego del PC, dos días
después del 23-F, paseando los dos solos y cogido de mi brazo en visita a mi
empresa, todos los años nos visitaba, me contó el fallido golpe de estado con
todo lujo de detalles. Y naturalmente me habló del valor de aquel hombre,
Adolfo Suárez, y de la raza política de Martín Villa, que no paró de hacer
política en los momentos que se llevaron al Presidente a una sala del Congreso.
Son retazos estos, por los que yo
fui leal a Adolfo Suárez y me hundí con él agarrado al mástil del barco, sin
abandonarlo. Mi amigo Antonio José murió joven y el partido desapareció de las
listas de Córdoba y de España.
Campaña electoral
Ahora son otros tiempos. Me
alegro sin rencor, de que España entera
reconozca la labor de ese hombre, incluidos los que antes le atacaron. Y me
alegro porque España demande a sus políticos de hoy, los valores que un abulense más, vertió en
España.
Teresa de Jesús, Alonso de
Madrigal, Isabel de Castilla, San Juan de la Cruz, Tomás Luís de Victoria,
Claudio Sánchez de Albornoz, José Luís Aranguren, Agustín Rodríguez Sahagún, su
amigo que vivió en la misma casa, son abulenses para España y para el mundo,
que precedieron a Adolfo Suárez. Todos con el talante especial que portan los sencillos
labriegos, nuestros abuelos.
Ávila de los “Santos y de los
Cantos”, de los “Caballeros” o por la tragedia de las Hervencias, convertida en
“Ávila del Rey”, siempre se levantó al grito de por ¡Ávila, caballeros¡ Por
eso, hasta mi padrino, que no fue político jamás, acudía a la llamada de Adolfo
para ir como apoderado de su partido a mesas electorales en Andalucía.
Adolfo era un hombre del pueblo.
No pertenecía a ninguna élite. Ni estudió en ningún colegio de pago, sino que estudió
su carrera por libre en Salamanca. Pero ese talante de señor, no se estudia en
ningún colegio de pago ni se aprende en ninguna universidad, ni lo tienen los
abogados del estado, aquellos que quisieron arrebatarle la Jefatura del Estado.
Ese talante de señor, solo lo heredan los humildes, de sus antepasados. Antepasados que forman la
esencia íntima del pueblo viejo español. Como los de la Vieja Castilla, como
los de Ávila de los Caballeros.
El noble campo castellano de
Ávila, ha recogido los restos mortales de Adolfo Suárez para su eterno
descanso. Y su memoria la ha colgado de las cumbres más altas de Castilla, que
son las de Gredos, y desde ese centro de España ondean, ya tocando el cielo, en
el hastial del Pico Almanzor. Allí su
memoria, ondea al viento en su lábaro
patrio, pregonando haber servido a su patria y a su rey. También su crismón
ondea como emblema de Cristo, porque también sirvió a su Dios. Para los más
jóvenes ha quedado su memoria en el Museo de Adolfo Suárez y la Transición, en
Cebreros. Él no supo nunca que sus amigos se ocuparon de inmortalizarlo allí,
para las generaciones venideras. Y como el Cid, la última batalla de unidad
patria la está ganando después de muerto. Un gran hombre acaba de pasar a la historia.
JMM