Parece ser que un hecho bastante frecuente
en la vida de las sociedades es que para defender la legitimidad, se infringe
la legalidad. El orden constitucional se infringe por las mismas fuerzas que
ejercen el poder y han hecho esa misma normativa que ellos mismos infringen.
Esto mismo es lo que venimos viendo desde hace tiempo en Cataluña. El mismo
gobierno de la Generalitat desacata las leyes constitucionales y el mismo
Estatut que ellos mismos elaboraron.
Quiénes han sido estos
infractores a lo largo de la historia?
Los caciques. Los partidos que se
turnan en el poder y las grandes familias dominantes. En el caso de Cataluña
éstos partidos turnantes han sido los partidos nacionalistas. Curiosamente, en
el caso de Cataluña, lo que se vivió en el primer tercio del siglo veinte tiene
un paralelismo con lo que se está viviendo en el comienzo del siglo veintiuno
en que los partidos turnantes, están dominados por élites separatistas.
Hay dos tipos de élites. Una que
orienta y otra que decide dentro y fuera de las estructuras del poder. La que
orienta está formada por los intelectuales de la sociedad en general y que se
insertan en todas las capas sociales. En Cataluña, la élite de poder ha creado
en la élite intelectual unos grupos de presión que inciden en la sociedad para
influenciarla y así, muchos se preguntan que donde están los intelectuales,
fuera de estos grupos de presión, en Cataluña.
Las élites separatistas en Cataluña
estiman legítimo el poder y niegan el consenso del orden general existente que
se dio España votando masivamente la actual Constitución.
A principios del siglo veinte,
después del desastre colonial del 98 y con el lastre del caciquismo, España buscaba
un replanteamiento de valores con los más lúcidos de las élites intelectuales a
la cabeza. En aquella generación, incluso hubo élites de poder que tuvieron
destellos de modernidad como el intento de Canalejas. Pero también hubo élites
burguesas que aspiraban a ser élites de poder, sin serlo. Tal es el caso de la “Lliga
de Cataluña” con Cambó, Ventosa, Bertrán, Musitu, etc., que tenían el poder
económico, pero no tenían el poder que aspiraban. Como contrapartida surge
Solidaridad Obrera, una confederación sindical de socialistas, anarquistas y
republicanos que nació como rechazo al acercamiento de Solidaridad Catalana al
Partido Conservador de Maura. Tras el decreto de reclutamiento de Maura en
defensa del ataque en Marruecos en 1909, se produce la semana trágica de
Barcelona y otras ciudades catalanas cuyo origen fue la huelga general
decretada por los sindicatos y donde se quemaron edificios religiosos y se
produjeron más de un centenar de asesinatos. En años anteriores, 1902 y 1905 la tensión
entre militares y catalanistas dieron lugar a varios incidentes en los que los
militares asaltaron algunas publicaciones catalanistas por sus críticas.
Conviene recordar que el capitán General de Andalucía, el general Luque, se
adhirió a los militares catalanes, exigiendo a los legisladores leyes contra el
separatismo. Sin embargo se trataba de grupos, no del ejército.
En 1911 nace la CNT en Cataluña.
Por aquellos años también nace un partido republicano radical en Barcelona
(lerrouxista), muy agitador, anticlerical y que incita a la rebeldía de todo
aquello que venga de Madrid. Un poco más tarde la Federación Anarquista Ibérica
se une y simpatiza con los agitadores catalanes.
Por otro lado los empresarios
catalanes se convierten en grupo de presión y torpedean la ley del descanso
dominical. Los sindicatos por su parte
también son grupo de presión, la CNT y la incipiente UGT.
Todos estos grupos provocan
conflictos en toda España y en Cataluña. En Cataluña la “Lliga” estuvo
participando activamente y de una manera continua en el poder central y así,
parte de su clientela se fue pasando hacia la izquierda nacionalista de matiz
republicano. Todavía los grupos de izquierdas no estaban bien definidos, por
ello los republicanos, la UGT y la CNT alentadas por Lerroux, nombran un
directorio republicano que quieren el poder. A ello se une que la Tercera
Internacional se escinde y aparecen dos ramas del socialismo marxista. Así el
partido comunista y el anarco sindicalismo, junto con la virulenta CNT con sus
órganos de violencia, a la cabeza en Cataluña, constituyen un poder de hecho en
1919.
Hasta aquí, en Cataluña como en
el resto de España como las revueltas campesinas andaluzas, la sociedad busca
resolver la tensión social que provoca el paso del caciquismo a una nueva
sociedad más moderna y con valores sociales. No es hasta la Primera República y
la Constitución de 1931 cuando se reconoce por primera vez la autonomía de las
regiones y de los municipios en un Estado Integral. Es decir, aparece la legitimidad
democrática y la legalidad del Estado.
La nueva constitución permite
aparecer los distintos estatutos de autonomía de las distintas regiones y es Cataluña
la que hace el primero, que está en los orígenes del regionalismo político y
está a mitad de camino entre el federalismo y la descentralización
administrativa. Las competencias incluso legislativas, no eran más que una “delegación
de la potestad estatal única”.
¿Cuándo se produce la ruptura y
quién la produce? La producen siempre minorías de extrema izquierda y extrema
derecha cuando niegan la legitimidad y actúan por vías de acción ilegales. Así
se llega a la Guerra Civil.
Los conflictos del poder que
provocan la ruptura del consenso, empiezan con el alzamiento anarquista del
Alto Llobregat en 1932. Continúan con el alzamiento de la FAI – CNT en 1933. Lo
militares reclaman más poder en 1932 al estado. Con todo, hay movimientos que
propugnan ir hacia una república más moderada corrigiendo errores, pero nuevos
conflictos aparecen con la ley de desahucios en Andalucía en 1934, donde son
desahuciados 28.000 campesinos. En Cataluña aparece un conflicto entre el poder
central y el autonómico producido por la ley de cultivos. Ezquerra había ganado
las elecciones municipales y Companys era el presidente de la Generaltat. Ya en
1931 se produjo la proclamación de la República Catalana, pero a los tres días
Ezquerra llegó a un acuerdo con el gobierno central y renunció. Pero en Octubre
de 1934 Lluys Compnys apareció en el balcón de la Generalitat y proclamó la
República Catalana. El resto ya se conoce.
Ahora viene el paralelelismo.
El mes de Octubre para proclamar
la enésima República Catalana.
Las élites de poder creando
élites intelectuales que actúan como grupos de presión influenciando durante
décadas a la población y provocando un sentimiento nacionalista.
La CUP antisistema y minoritaria
de una sociedad industrial.
Convergencia y Unió, que como la “LLiga”
participó en el poder central de Madrid y como la “Lliga” desplazó hacia la
izquierda nacionalista a sus votantes en un número importante.
Los sindicatos catalanes activos
en crear conflictos en el aeropuerto del Prat.
En suma, crean conflictos para
lograr rupturas e infringen la legalidad para defender la legitimidad de un
derecho a votar que es ilegal.
Desde el punto de vista
económico, no es viable una separación de Cataluña de España. Los mismos
empresarios catalanes, no están dispuestos a poner en riesgos sus empresas,
perdiendo un porcentaje importante de sus ventas e ingresando sus impuestos a
élites de poder minoritarias sin un proyecto viable de sociedad catalana
moderna y europea. Son cientos de estudios los que desaconsejan el separatismo
desde el punto de vista económico, político y cultural.
¿Qué quieren las élites minoritarias
catalanas entonces?
Desaparecidos los intelectuales,
salvo honrosas excepciones, la falta de altura de los políticos actuales, la
corrupción burguesa catalana, la falta de combate ideológico ante el
nacionalismo por parte del poder central y la mediocridad intelectual de las
nuevas generaciones, hacen que las élites catalanas quieran exclusivamente el
poder, por el poder. La falta de generosidad ante el pueblo es evidente. No
importan los problemas de los catalanes necesitados, ni la resolución de sus
problemas. Tampoco importa la mirada clara hacia el resto de España y a la
Humanidad.
Andalucía se alza expectante,
como antaño el general Luque. Hoy es Susana Díaz quien ofrece tranquilidad al
resto de España porque no se ha movido un ápice de sus convicciones. Y Cataluña
debe aprender hoy de Andalucía y gracias a la sangre andaluza que corre hoy por
las venas catalanas que terminará imponiéndose a las élites transgresoras de la
legalidad. Así Cataluña trabajará su futuro alegre, ufana y honrosa, proclamando
a los cuatro vientos con su hermana Andalucía… por una Cataluña libre, por España
y por la Humanidad.