sábado, 23 de septiembre de 2017

DESASOSIEGO NACIONALISTA


El desasosiego que nos produce el nacionalismo vasco y catalán a las personas normales como yo, después de tantos años, es insoportable. Los que no somos políticos, ni tampoco historiadores, no hacemos más que encajar desprecios simplemente por ser españoles  sin entender el motivo ni la causa histórica si la hubiere, por parte de estas formaciones, por cierto, cada día tengo más orgullo de haber nacido en España. En mi caso, estando como estoy en edad provecta, doy las gracias a los políticos de los partidos constitucionalistas que se han ocupado de que yo desarrollara mi vida en paz y criara en paz a mis hijos. También porque he visto como han sido capaces de desarrollar una sociedad con una justicia social enorme y con unos logros sociales que se culminan con una sanidad universal y una educación gratuita. Hay muchísimos logros más por los que yo estoy orgulloso de ser español.

El 22 de Noviembre de 1988, viví un atentado de Eta en la calle Guzmán el Bueno en Madrid, donde había tenido que ir por motivo de trabajo. Solo fui víctima de la onda expansiva de la bomba pero percibí el horror de un atentado. De manera que mi posición contra Eta se puede deducir. En mi familia política sí hubo un asesinato. Incomprensible, simplemente porque era una familia que por tradición formaban parte de la Guardia Civil, hoy los españoles también nos ufanamos de nuestra Guardia Civil. La derrota de Eta se la debemos a la acción policial, a costa de muchas muertes. Ese nacionalismo vasco de izquierdas, con ciertas connivencias del nacionalismo de derechas percibidas por las personas normales de a pie, dejó un reguero de sangre y dolor. Y muchas víctimas injustas en el camino. ¿Cómo puedo yo entender el nacionalismo vasco? ¿Cuál puede ser mi sentimiento y el de muchos españoles de a pie?

Quise entender el nacionalismo vasco y me compré libros para instruirme. Así deduje que después de las ideas que recalaron en la sociedad en la revolución francesa, la idea de la descentralización administrativa de los territorios frente al poder absolutista de los monarcas, era una buena cosa. Surgió la necesidad de agrupar el territorio en regiones y provincias y así nace el regionalismo, como la necesidad de una descentralización administrativa. En España nos llega sobre 1833 en el que se hace la división de España por Javier de Burgos, tras un trabajo enorme de los parlamentarios proponiendo entradas y salidas de los territorios sobre la solución propuesta. Los políticos buscaron todo tipo de orígenes y razones que hacían homologable y reconocible su territorio. Y aquí aparecen los nacionalismos. Tras algunos artículos periodísticos en París, Sabino Arana encuentra la panacea  al inventarse el linaje de Aitor, primer padre de la raza vasca. Después de tantas distorsiones históricas que falseaban la realidad para justificar un nacionalismo separatista, los nacionalistas vascos han campado por sus respetos con el único fin de provocar un separatismo. Encontrar tantísimas diferencias buenas en una provincia de Castilla, era sin duda el momento de una emancipación. Como por el momento todo pasó, no he querido profundizar en la responsabilidad de la burguesía vasca inmovilista, que juzgó muy conveniente el cupo vasco procedente de las guerras carlistas. Esto le era suficiente para ostentar el poder político y el económico. La equivocación histórica del nacionalismo efervescente vasco, ha dejado casi mil muertos inocentes en el camino de esta joven democracia española. En el siglo veinte Europa debe millones de muertos a los nacionalistas. Esto es una realidad histórica que todos hemos vivido al menos alguna coetánea guerra.

Como consecuencia de esto, los intelectuales en Europa se han pronunciado en el sentido de que al nacionalismo hay que combatirle. Naturalmente con las armas de las palabras.

Una vez que nos quedamos tranquilos con el nacionalismo vasco, que lo intentó todo con el Lendakari Ibarreche a la cabeza, nos viene erizado el nacionalismo catalán. Así pues de nuevo tuve que ponerme a leer lo que pude para mejor comprender al nacionalismo catalán.

En la historia moderna de España de primeros del siglo veinte, Cataluña se caracteriza por el nacimiento del catalanismo, la fuerza del proletariado catalán y la pujanza económica del territorio catalán. La situación geográfica de Cataluña hacía que estuviera en el entorno de los países mediterráneos, haciéndose beneficiaria de corrientes culturales y económicas antes que otras regiones de España. Sin embargo en el primer tercio del siglo veinte, en el que se obtiene el primer Estatut, Cataluña vivió abocada entre revueltas sociales y revueltas separatistas que le llevaban a un caos casi absoluto. También en el resto de España el periodo era convulso. En el caso de Cataluña, algunas naciones estaban interesadas en ella por su situación geográfica en el Mediterráneo. De ello era consciente la jerarquía catalana o la burguesía catalana y aunque tenía el poder económico, no tenía el poder político. Este es el quid de la cuestión y el motivo por el que nace la “Lliga regionalista” catalana, que es la equivalente de Convergencia y Unió en estos pasados tiempos. Al frente de la “Lliga” estaba Cambó y al frente de CIU, ha estado Puyol.  Ambos partidos han sabido salvaguardar los intereses de las famosas cuatrocientas familias. Baste el ejemplo de Cambó y Puyol para comprender, la falta de compromiso político y social de la burguesía catalana con su propio pueblo, esgrimiendo siempre al enemigo Madrid como amenaza, siempre el Estatut y siempre la amenaza separatista para crear un predio catalán de poder para ellos, no para las clases menos favorecidas.

En el caso de Francesc Cambó i Batlle,  fundador de la Lliga regionalista en 1901 y presidente de la misma en 1917. Fue Concejal del Ayuntamiento de Barcelona, Diputado a Cortes en la monarquía y en la II República, Ministro en 1918 y 1921 en los gobiernos de Antonio Maura. Fue un activo financiero que hizo una enorme fortuna en la Europa de la I Guerra Mundial. Perteneció a consejos de administración de muchas empresas multinacionales, que llegaban a Cataluña por su situación geográfica. Así se convirtió en un activo mecenas de la cultura catalana, pagando de su bolsillo traducciones de libros clásicos e incluso la biblia al catalán. Igualmente buscó y rescató historiadores del catalanismo, tratando de hacer como Sabino Arana, un cuerpo cultural diferencial de la cultura catalana no integradora, sino separada de otras zonas y regiones. Fue también un gran coleccionista de arte que cedería al Museo de Arte de Cataluña. En 1936, se exila en Argentina.

El caso de Jordi Puyol, contemporáneo, todos lo conocemos. También su inexplicable fortuna, pendiente de ventilar por los jueces actuales.

¿Dónde está el compromiso político social de estos nacionalistas con las clases sociales? ¿Porque el resultado es un enriquecimiento personal incalculable esgrimiendo siempre el nacionalismo de la clase poderosa para tener su predio de poder y que no entre allí nadie que les pueda hacer sombra? Y ello lo extienden a la clase burguesa de las cuatrocientas familias.

En el caso de la “Lliga”, sus votantes cansados se van pasando a Izquierda Catalana y a pesar de que la izquierda nacionalista era muy pequeña, de repente se vio favorecida por la falta de compromiso de la burguesía catalana. Incluso los violentos se vieron reforzados. El mismo paralelismo ha sucedido con CIU, debido a su corrupción. Descubierto el sistema de enriquecimiento de estas clases dirigentes, los votantes  se han escorado a Ezquerra Republicana y otros partidos nacionalistas de izquierdas más violentos. Ezquerra Republicana se crea en 1931.

La diferencia con ahora, es que hace cien años no había nacionalistas históricos en las familias. Era un movimiento que nacía. Ahora sin embargo, como en el caso de Junqueras, hay muchos catalanes que vienen de familias históricas nacionalistas y en este caso, separatistas y republicanos. Por lo tanto, no han mamado más que eso siempre y no dudo de que se mueva con buena voluntad defendiendo sus ideas. Este hombre no ha engañado nunca a nadie.

Nos acercamos en el próximo mes de Octubre a la tercera proclamación unilateral de la República Catalana. Como siempre Octubre, para no perder la costumbre, aunque algunos quieren hacerlo a primeros de año por motivos del cierre del año fiscal, para favorecer las cuentas de desconexión.

El coro de los partidos políticos, junto con los sabelotodo periodistas, jalean soluciones federales unos, incomprensibles, y todos opinan al aire. Otros jalean soluciones sentimentales de nacionalismos. Y todos culpan al actual gobierno, cosa obligada, al tiempo que proponen la solución. Hablar y negociar.

Las sociedades modernas tienen un cáncer. Cualquier pequeño grupúsculo de activistas de la calle, que manejen las masas a su antojo, es capaz de desterrar el análisis realista y abocar a la mayoría, a despeñarse por el desfiladero. Pablo Iglesias es creador de una tesis doctoral en este sentido. Es un activista del sentimentalismo tóxico, que no político de estado.

Así las cosas, negociar con alguien que quiere romper y separar, no puede hacerse. Si encima estamos convencidos que el nacionalismo es el responsable de millones de muertes en Europa en el pasado siglo, entonces solo hay un camino. Al nacionalismo hay que combatirlo. Estamos hablando con las armas de la palabra y del estado de derecho. Para ello necesitamos a los intelectuales que desactiven los sentimientos encontrados de los actuales catalanes con el resto que somos los españoles de a pie. Personalmente necesito que no me agredan más por ser un español de una parte distinta de Cataluña. Los intelectuales deben responsabilizar a la burguesía y jerarcas catalanes de su verdadera responsabilidad con Cataluña, desmontando que el enemigo creado España, ha sido un montaje de ellos para campar por sus respetos y enriquecerse y vivir sin otra responsabilidad con las clases obreras catalanas. Los intelectuales deben enseñar claro a los catalanes, que no hay nacionalistas de izquierdas. Las personas son antes que los territorios. Y deben desactivar el odio a los demás constitucionalistas catalanes que quieren vivir en paz y en armonía con el resto de los pueblos de España.

En este combate, el Poder Ejecutivo, debe también cumplir su función y no dejar que el nacionalismo campe por donde quiera, con insultos a la bandera y pitidos al himno de todos y mucho menos tomando la calle y acosando a los que no piensan como ellos.

En resumen, así como la policía desactivó el nacionalismo vasco. El Poder Judicial debe

desactivar el nacionalismo catalán.

A los intelectuales les corresponde recuperar el análisis realista y enseñarnos a todos la inviabilidad de un separatismo en un mundo globalizado, español y europeo.

A los políticos les corresponde un proyecto de España donde todos estemos cómodos, pero antes de nada, deben hacer una “Ley de Claridad”, donde todos los territorios tengamos las mismas oportunidades antes de hacer el proyecto de la España futura.

Mientras tanto, cogido de la mano de mis amigos vascos y catalanes, les digo que luchemos de nuevo con la fuerza de la generosidad, para que nuestros nietos tengan la mejor vida posible dentro de nuestra piel de toro.