El desasosiego que nos produce el
nacionalismo vasco y catalán a las personas normales como yo, después de tantos
años, es insoportable. Los que no somos políticos, ni tampoco historiadores, no
hacemos más que encajar desprecios simplemente por ser españoles sin entender el motivo ni la causa histórica
si la hubiere, por parte de estas formaciones, por cierto, cada día tengo más
orgullo de haber nacido en España. En mi caso, estando como estoy en edad
provecta, doy las gracias a los políticos de los partidos constitucionalistas
que se han ocupado de que yo desarrollara mi vida en paz y criara en paz a mis
hijos. También porque he visto como han sido capaces de desarrollar una
sociedad con una justicia social enorme y con unos logros sociales que se
culminan con una sanidad universal y una educación gratuita. Hay muchísimos
logros más por los que yo estoy orgulloso de ser español.
El 22 de Noviembre de 1988, viví
un atentado de Eta en la calle Guzmán el Bueno en Madrid, donde había tenido
que ir por motivo de trabajo. Solo fui víctima de la onda expansiva de la bomba
pero percibí el horror de un atentado. De manera que mi posición contra Eta se
puede deducir. En mi familia política sí hubo un asesinato. Incomprensible,
simplemente porque era una familia que por tradición formaban parte de la
Guardia Civil, hoy los españoles también nos ufanamos de nuestra Guardia Civil.
La derrota de Eta se la debemos a la acción policial, a costa de muchas
muertes. Ese nacionalismo vasco de izquierdas, con ciertas connivencias del
nacionalismo de derechas percibidas por las personas normales de a pie, dejó un
reguero de sangre y dolor. Y muchas víctimas injustas en el camino. ¿Cómo puedo
yo entender el nacionalismo vasco? ¿Cuál puede ser mi sentimiento y el de
muchos españoles de a pie?
Quise entender el nacionalismo
vasco y me compré libros para instruirme. Así deduje que después de las ideas
que recalaron en la sociedad en la revolución francesa, la idea de la
descentralización administrativa de los territorios frente al poder
absolutista de los monarcas, era una buena cosa. Surgió la necesidad de
agrupar el territorio en regiones y provincias y así nace el regionalismo, como
la necesidad de una descentralización administrativa. En España nos llega sobre
1833 en el que se hace la división de España por Javier de Burgos, tras un
trabajo enorme de los parlamentarios proponiendo entradas y salidas de los
territorios sobre la solución propuesta. Los políticos buscaron todo tipo de
orígenes y razones que hacían homologable y reconocible su territorio. Y aquí
aparecen los nacionalismos. Tras algunos artículos periodísticos en París,
Sabino Arana encuentra la panacea al inventarse
el linaje de Aitor, primer padre de la raza vasca. Después de tantas
distorsiones históricas que falseaban la realidad para justificar un nacionalismo
separatista, los nacionalistas vascos han campado por sus respetos con el único
fin de provocar un separatismo. Encontrar tantísimas diferencias buenas en una
provincia de Castilla, era sin duda el momento de una emancipación. Como por el
momento todo pasó, no he querido profundizar en la responsabilidad de la burguesía
vasca inmovilista, que juzgó muy conveniente el cupo vasco procedente de las
guerras carlistas. Esto le era suficiente para ostentar el poder político y el
económico. La equivocación histórica del nacionalismo efervescente vasco, ha
dejado casi mil muertos inocentes en el camino de esta joven democracia
española. En el siglo veinte Europa debe millones de muertos a los
nacionalistas. Esto es una realidad histórica que todos hemos vivido al menos
alguna coetánea guerra.
Como consecuencia de esto, los
intelectuales en Europa se han pronunciado en el sentido de que al nacionalismo
hay que combatirle. Naturalmente con las armas de las palabras.
Una vez que nos quedamos
tranquilos con el nacionalismo vasco, que lo intentó todo con el Lendakari
Ibarreche a la cabeza, nos viene erizado el nacionalismo catalán. Así pues de
nuevo tuve que ponerme a leer lo que pude para mejor comprender al nacionalismo
catalán.
En la historia moderna de España
de primeros del siglo veinte, Cataluña se caracteriza por el nacimiento del
catalanismo, la fuerza del proletariado catalán y la pujanza económica del
territorio catalán. La situación geográfica de Cataluña hacía que estuviera en
el entorno de los países mediterráneos, haciéndose beneficiaria de corrientes
culturales y económicas antes que otras regiones de España. Sin embargo en el
primer tercio del siglo veinte, en el que se obtiene el primer Estatut,
Cataluña vivió abocada entre revueltas sociales y revueltas separatistas que le
llevaban a un caos casi absoluto. También en el resto de España el periodo era
convulso. En el caso de Cataluña, algunas naciones estaban interesadas en ella
por su situación geográfica en el Mediterráneo. De ello era consciente la
jerarquía catalana o la burguesía catalana y aunque tenía el poder económico,
no tenía el poder político. Este es el quid de la cuestión y el motivo por el
que nace la “Lliga regionalista” catalana, que es la equivalente de
Convergencia y Unió en estos pasados tiempos. Al frente de la “Lliga” estaba
Cambó y al frente de CIU, ha estado Puyol.
Ambos partidos han sabido salvaguardar los intereses de las famosas cuatrocientas
familias. Baste el ejemplo de Cambó y Puyol para comprender, la falta de
compromiso político y social de la burguesía catalana con su propio pueblo,
esgrimiendo siempre al enemigo Madrid como amenaza, siempre el Estatut y
siempre la amenaza separatista para crear un predio catalán de poder para
ellos, no para las clases menos favorecidas.
En el caso de Francesc Cambó i Batlle,
fundador de la Lliga regionalista en
1901 y presidente de la misma en 1917. Fue Concejal del Ayuntamiento de
Barcelona, Diputado a Cortes en la monarquía y en la II República, Ministro en
1918 y 1921 en los gobiernos de Antonio Maura. Fue un activo financiero que
hizo una enorme fortuna en la Europa de la I Guerra Mundial. Perteneció a
consejos de administración de muchas empresas multinacionales, que llegaban a
Cataluña por su situación geográfica. Así se convirtió en un activo mecenas de
la cultura catalana, pagando de su bolsillo traducciones de libros clásicos e
incluso la biblia al catalán. Igualmente buscó y rescató historiadores del
catalanismo, tratando de hacer como Sabino Arana, un cuerpo cultural
diferencial de la cultura catalana no integradora, sino separada de otras zonas
y regiones. Fue también un gran coleccionista de arte que cedería al Museo de
Arte de Cataluña. En 1936, se exila en Argentina.
El caso de Jordi Puyol, contemporáneo,
todos lo conocemos. También su inexplicable fortuna, pendiente de ventilar por
los jueces actuales.
¿Dónde está el compromiso
político social de estos nacionalistas con las clases sociales? ¿Porque el
resultado es un enriquecimiento personal incalculable esgrimiendo siempre el
nacionalismo de la clase poderosa para tener su predio de poder y que no entre
allí nadie que les pueda hacer sombra? Y ello lo extienden a la clase burguesa
de las cuatrocientas familias.
En el caso de la “Lliga”, sus
votantes cansados se van pasando a Izquierda Catalana y a pesar de que la
izquierda nacionalista era muy pequeña, de repente se vio favorecida por la
falta de compromiso de la burguesía catalana. Incluso los violentos se vieron
reforzados. El mismo paralelismo ha sucedido con CIU, debido a su corrupción.
Descubierto el sistema de enriquecimiento de estas clases dirigentes, los
votantes se han escorado a Ezquerra
Republicana y otros partidos nacionalistas de izquierdas más violentos.
Ezquerra Republicana se crea en 1931.
La diferencia con ahora, es que
hace cien años no había nacionalistas históricos en las familias. Era un
movimiento que nacía. Ahora sin embargo, como en el caso de Junqueras, hay
muchos catalanes que vienen de familias históricas nacionalistas y en este
caso, separatistas y republicanos. Por lo tanto, no han mamado más que eso
siempre y no dudo de que se mueva con buena voluntad defendiendo sus ideas. Este
hombre no ha engañado nunca a nadie.
Nos acercamos en el próximo mes
de Octubre a la tercera proclamación unilateral de la República Catalana. Como
siempre Octubre, para no perder la costumbre, aunque algunos quieren hacerlo a
primeros de año por motivos del cierre del año fiscal, para favorecer las
cuentas de desconexión.
El coro de los partidos
políticos, junto con los sabelotodo periodistas, jalean soluciones federales
unos, incomprensibles, y todos opinan al aire. Otros jalean soluciones
sentimentales de nacionalismos. Y todos culpan al actual gobierno, cosa
obligada, al tiempo que proponen la solución. Hablar y negociar.
Las sociedades modernas tienen un
cáncer. Cualquier pequeño grupúsculo de activistas de la calle, que manejen las
masas a su antojo, es capaz de desterrar el análisis realista y abocar a la mayoría,
a despeñarse por el desfiladero. Pablo Iglesias es creador de una tesis
doctoral en este sentido. Es un activista del sentimentalismo tóxico, que no
político de estado.
Así las cosas, negociar con alguien
que quiere romper y separar, no puede hacerse. Si encima estamos convencidos
que el nacionalismo es el responsable de millones de muertes en Europa en el
pasado siglo, entonces solo hay un camino. Al nacionalismo hay que combatirlo.
Estamos hablando con las armas de la palabra y del estado de derecho. Para ello
necesitamos a los intelectuales que desactiven los sentimientos encontrados de
los actuales catalanes con el resto que somos los españoles de a pie.
Personalmente necesito que no me agredan más por ser un español de una parte distinta
de Cataluña. Los intelectuales deben responsabilizar a la burguesía y jerarcas
catalanes de su verdadera responsabilidad con Cataluña, desmontando que el
enemigo creado España, ha sido un montaje de ellos para campar por sus respetos
y enriquecerse y vivir sin otra responsabilidad con las clases obreras
catalanas. Los intelectuales deben enseñar claro a los catalanes, que no hay
nacionalistas de izquierdas. Las personas son antes que los territorios. Y
deben desactivar el odio a los demás constitucionalistas catalanes que quieren
vivir en paz y en armonía con el resto de los pueblos de España.
En este combate, el Poder Ejecutivo,
debe también cumplir su función y no dejar que el nacionalismo campe por donde
quiera, con insultos a la bandera y pitidos al himno de todos y mucho menos
tomando la calle y acosando a los que no piensan como ellos.
En resumen, así como la policía
desactivó el nacionalismo vasco. El Poder Judicial debe
desactivar el nacionalismo
catalán.
A los intelectuales les
corresponde recuperar el análisis realista y enseñarnos a todos la inviabilidad
de un separatismo en un mundo globalizado, español y europeo.
A los políticos les corresponde
un proyecto de España donde todos estemos cómodos, pero antes de nada, deben
hacer una “Ley de Claridad”, donde todos los territorios tengamos las mismas
oportunidades antes de hacer el proyecto de la España futura.
Mientras tanto, cogido de la mano
de mis amigos vascos y catalanes, les digo que luchemos de nuevo con la fuerza
de la generosidad, para que nuestros nietos tengan la mejor vida posible dentro
de nuestra piel de toro.