sábado, 16 de diciembre de 2017

LA DESAHUCIADA


Una vez oí al sabio andaluz Pérez Orozco, que en paz descanse, hablar de la existencia de éste curioso paraje, que puede hoy llamarse La Sauceda, por derivación semántica. Tal paraje, decía, era nombrado en el Guzmán de Alfarache. Yo me leí todo el Guzmán, pero no encontré referencia alguna del lugar, sí me encontré muchas referencias de las gentes a las que aludía Pérez Orozco. Gentes del pueblo condenados a galeras, los  que se habían enemistado con los alguaciles o alcaides, los que tenían rencillas con los justicias, los que se hartaban de los caciques, los que estaban ahítos de pagar alcábalas, los anticlericales que no se llevaba nada bien con el clero ni con los chochantres de la iglesia, los pendencieros de haldas o de faldas, en fin, gentes desahuciadas que se recogían en un lugar perdido de la sierra de Cádiz, hoy, Parque de los Alcornocales, donde no regía ley alguna ni había que pagar impuestos. Era el paraíso.

Movido por la curiosidad me fui a buscar el paraje por aquellas sierras. Encontré el lugar y encontré a gente que me hablaron del lugar.

Hoy es una zona recreativa y sigue estando semi abandonada. Solo es visitada por algunos senderistas de cuando en cuando. En su origen pudo ser un poblado árabe. Después, morada de desahuciados del siglo XVI. Después, poblado de bandoleros. En la Guerra Civil fue refugio de represaliados de los nacionales. Incluso la aviación alemana bombardeó la zona. Por último fue morada de los maquis como atestigua un libro que el autor me mostraba en aquel lugar gaditano.

¿Pero qué atractivo tenía este lugar para mí? Es posible que la libertad.  Lugar de la Libertad por excelencia, donde desconectar del mundo y abrir la mente a nuevos horizontes.

Hoy, han pasado ya algunos años, me pregunto por qué tal paraje sigue en abandono. ¿No es la libertad, que tanto me llamaba la atención, un valor suficiente para que el paraje floreciera como un jardín de las delicias?  

Sugería yo, que podíamos ofrecer La Sauceda a los “anti” y a tantos catalanistas de cacao mental. Y buscaba yo grupos de anti sistemas, okupas, activistas, anarquistas, colectivos raros de esos que nos sorprenden cada día, pero  ¡eh aquí!, algo me encontré en el lugar donde está la mayor concentración de todo esto, que es Cataluña.  Lo que me encontré es un blog pernicioso que se hace llamar “escuela de indignación” y que como máxima, pregona una frase atribuida al Che: Un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.

Aquí podría estar la clave. El enemigo y el odio.

El filósofo de la izquierda Marcuse, en los años cincuenta, vislumbró el final de la lucha obrera al no tener ya nada que reivindicar. Todos somos integrantes y pagadores de un sistema de bienestar. Ernesto Laclau, dio forma a los “anti”, siguiendo a Marcuse y elaborando un ensayo y una propuesta, cuyo resultado en España es el grupo político de “Podemos”. Laclau se dio cuenta de que el común denominador de muchos grupos que integran las clases o masas, era el cabreo contra algo. No era la lucha de clases. Así reunió a colectivos tan dispares como gays, lesbianas, anti sistemas, ecologistas, activistas, okupas, independentistas, etc, etc, etc,. Todos los cabreados de la sociedad podrían caber en una organización, siempre que haya un enemigo al que odiar. A este enemigo se le llamará casta y para organizar el batiburrillo en algo que les pueda identificar a todos los grupos, se hace necesario dominar los signos, marcas, modos y maneras y sobre todo, la comunicación moderna. Se les atrae con la democracia total donde todo es consultado a las bases, convencido de que el populismo garantiza la democracia.  Pero siempre tiene que haber enemigo y siempre tiene que haber odio.

La Sauceda se quedará vacía de nuevo en estos nuestros tiempos modernos. Un lugar de libertad por excelencia donde desconectar del mundo no es lugar para los seguidores de Laclau, y gentes de mal vivir.

Algunos “gilitontos” como yo,  pensamos en alguna ocasión que había un posible paraíso y casi lo encontramos. Por despecho buscábamos la libertad y un nuevo horizonte en un lugar sin ataduras donde ni había enemigos ni había odios. Un sitio donde los podemitas y afines entonan su canto, aquí “no podemos”, aquí “no podemos”, aquí “no podemos”… vivir. Simplemente porque en La Sauceda no existen ni enemigos ni odios. Sí solidaridad y generosidad.