Una vez oí al
sabio andaluz Pérez Orozco, que en paz descanse, hablar de la existencia de
éste curioso paraje, que puede hoy llamarse La Sauceda, por derivación
semántica. Tal paraje, decía, era nombrado en el Guzmán de Alfarache. Yo me leí
todo el Guzmán, pero no encontré referencia alguna del lugar, sí me encontré
muchas referencias de las gentes a las que aludía Pérez Orozco. Gentes del
pueblo condenados a galeras, los que se
habían enemistado con los alguaciles o alcaides, los que tenían rencillas con
los justicias, los que se hartaban de los caciques, los que estaban ahítos de
pagar alcábalas, los anticlericales que no se llevaba nada bien con el clero ni
con los chochantres de la iglesia, los pendencieros de haldas o de faldas, en
fin, gentes desahuciadas que se recogían en un lugar perdido de la sierra de
Cádiz, hoy, Parque de los Alcornocales, donde no regía ley alguna ni había que
pagar impuestos. Era el paraíso.
Movido por la
curiosidad me fui a buscar el paraje por aquellas sierras. Encontré el lugar y
encontré a gente que me hablaron del lugar.
Hoy es una zona
recreativa y sigue estando semi abandonada. Solo es visitada por algunos
senderistas de cuando en cuando. En su origen pudo ser un poblado árabe.
Después, morada de desahuciados del siglo XVI. Después, poblado de bandoleros.
En la Guerra Civil fue refugio de represaliados de los nacionales. Incluso la
aviación alemana bombardeó la zona. Por último fue morada de los maquis como
atestigua un libro que el autor me mostraba en aquel lugar gaditano.
¿Pero qué atractivo
tenía este lugar para mí? Es posible que la libertad. Lugar de la
Libertad por excelencia, donde desconectar del mundo y abrir la mente a nuevos
horizontes.
Hoy, han pasado
ya algunos años, me pregunto por qué tal paraje sigue en abandono. ¿No es la
libertad, que tanto me llamaba la atención, un valor suficiente para que el
paraje floreciera como un jardín de las delicias?
Sugería yo, que
podíamos ofrecer La Sauceda a los “anti” y a tantos catalanistas de cacao mental.
Y buscaba yo grupos de anti sistemas, okupas, activistas, anarquistas,
colectivos raros de esos que nos sorprenden cada día, pero ¡eh aquí!, algo me encontré en el lugar donde
está la mayor concentración de todo esto, que es Cataluña. Lo que me encontré es un blog pernicioso que se
hace llamar “escuela de indignación” y que como máxima, pregona una frase
atribuida al Che: Un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.
Aquí podría
estar la clave. El enemigo y el odio.
El filósofo de
la izquierda Marcuse, en los años cincuenta, vislumbró el final de la lucha
obrera al no tener ya nada que reivindicar. Todos somos integrantes y pagadores
de un sistema de bienestar. Ernesto Laclau, dio forma a los “anti”, siguiendo a
Marcuse y elaborando un ensayo y una propuesta, cuyo resultado en España es el
grupo político de “Podemos”. Laclau se dio cuenta de que el común denominador
de muchos grupos que integran las clases o masas, era el cabreo contra algo. No
era la lucha de clases. Así reunió a colectivos tan dispares como gays,
lesbianas, anti sistemas, ecologistas, activistas, okupas, independentistas,
etc, etc, etc,. Todos los cabreados de la sociedad podrían caber en una
organización, siempre que haya un enemigo al que odiar. A este enemigo se le
llamará casta y para organizar el batiburrillo en algo que les pueda
identificar a todos los grupos, se hace necesario dominar los signos, marcas,
modos y maneras y sobre todo, la comunicación moderna. Se les atrae con la
democracia total donde todo es consultado a las bases, convencido de que el
populismo garantiza la democracia. Pero
siempre tiene que haber enemigo y siempre tiene que haber odio.
La Sauceda se
quedará vacía de nuevo en estos nuestros tiempos modernos. Un lugar de libertad
por excelencia donde desconectar del mundo no es lugar para los seguidores de
Laclau, y gentes de mal vivir.
Algunos “gilitontos”
como yo, pensamos en alguna ocasión que
había un posible paraíso y casi lo encontramos. Por despecho buscábamos la
libertad y un nuevo horizonte en un lugar sin ataduras donde ni había enemigos
ni había odios. Un sitio donde los podemitas y afines entonan su canto, aquí “no
podemos”, aquí “no podemos”, aquí “no podemos”… vivir. Simplemente porque en La
Sauceda no existen ni enemigos ni odios. Sí solidaridad y generosidad.