martes, 22 de julio de 2014

INFIDENCIA EN AGUILAR


Cuando oigo hablar a un político de la educación en valores a los niños en la escuela, no dejo de sorprenderme una y otra vez. No voy a distinguir entre políticos de izquierdas ni de derechas. Aunque es la izquierda la que no soporta que nadie entre a controlar la educación más que ellos. De las siete u ocho leyes de educación creadas en España, en la época de la democracia, siete pertenecen a la izquierda y la que no pertenece, solo duró unos meses en vigor. Ahora una nueva ley de educación de la derecha quiere ver la luz. Veremos a ver si puede hacerlo.

Me sorprendo cuando oigo hablar de la educación en valores, porque hay que preguntar primero de qué valores son de los que hablamos. Seguro que no hablamos de los mismos. La violación de la confianza y la fe debida a alguien, es una infidencia. Por ello se encarcela a políticos en otros países. Cuando votamos a nuestros ediles y alcaldes en Aguilar, les damos nuestra confianza y nunca ellos pueden utilizar el cargo para sus propios intereses o en beneficio de su propio partido. Este es el primer valor en que un político debe ser educado.

Un político se debe hacer acreedor de la confianza del pueblo y no engañarnos una vez  conseguido el cargo electo. Sin embargo, ¿cuántos políticos han utilizado el cargo electo para su promoción personal o para su beneficio personal? Estos políticos son infidentes.

Hace años vivimos en Aguilar una época revulsiva en la que Izquierda Unida sacaba al pueblo a la calle en protesta de la mala gestión del Ayuntamiento con la empresa de claveles y ponían como ejemplo de gestión sus propios invernaderos en la carretera de la Fuente de Don Marcelo. También desataron una furibunda persecución contra todas las construcciones ilegales desparramadas por el casco urbano y sus extrarradios. Hoy los invernaderos de Izquierda Unida se han convertido por arte de birlibirloque en los chalets de Izquierda Unida, sin claveles y convertidos en edificaciones sin papeles. Este partido es infidente.

Un alcalde reciente que no sabía que infidencia es hacer una cosa legal utilizando métodos ilegales, cambia el sentido de tráfico de una calle en perjuicio de los vecinos y en beneficio de algún amigo, con la consabida argumentación de que es bueno para los demás. Y mientras él fuera el alcalde ello se quedaría así. Naturalmente la violación de la confianza aquí es una alcaldada, pero la educación en valores de los políticos…no contemplan este valor. Este alcalde era un infidente.

El arte del empleo público está lleno de infidencias. Se colocan a personas utilizando unas formas poco legales. Otras veces la infidencia con el pueblo está en presentarse a unas elecciones para representar al pueblo cuando en realidad lo único que se pretende es tener un empleo. Además, la infidencia no abarca solo a un partido sino a todos, por lo que nos cabe preguntarnos por el grado de confianza que nos merecen nuestros partidos aguilarenses.

Nuestros ayuntamientos están llenos de infidencias porque a muchos empleados públicos no se le ha ocurrido ganarse la confianza de los administrados. Con ganar unas oposiciones han cumplido con el mundo y no saben, que tal vez con ellos sí, con los demás no. Los empleados públicos que solo se ocupan de su trabajo y no se ocupan de los administrados en su trabajo, son infidentes.

Creo que estamos necesitando un líder que comprenda lo que es la infidencia y lo demuestre. Ello se conseguiría eligiendo un alcalde fuera de las listas de los partidos políticos, o como mal menor, que fuera el alcalde el elegido con mayor número de votos. No es que sea una condición suficiente, pero al menos es necesaria. Pero sobre todo, hay que educar a nuestros hijos en la verdad, que sepan que la confianza hay que ganársela siempre con nuestros actos y con lealtad a quien en ti confía. Por eso yo propongo para los educadores de Aguilar, que eduquen poniendo al descubierto la infidencia, para que en Aguilar, sea desterrada la infidencia para siempre.

jueves, 3 de julio de 2014

LA IZQUIERDA DE AGUILAR DE LA FRONTERA

Después de cuarenta años, creo que hay tiempo más que suficiente como para reflexionar sobre la actuación de la izquierda en Aguilar de la Frontera, donde ha gobernado el Ayuntamiento en exclusividad. Solamente en la primeras elecciones gobernó la extinguida Unión de Centro Democrático y después la izquierda conquistó el poder municipal constituyendo un monopolio de política y de ideas en Aguilar, que hacen muy difícil a la juventud poder elegir sus opciones libremente, ya que todos los movimientos culturales, políticos y sociales, están ideológicamente impregnados desde el colegio, alguno de ellos fuertemente politizado y escorado a la izquierda, desde hace cuarenta años.
La cosa es que lo bueno o lo malo, de todo lo que haya ocurrido en este tiempo en Aguilar, solo tendrá un responsable principal, la izquierda de Aguilar.
En los años cincuenta empezó a llamarse a Marcuse, el padre de la nueva izquierda. Sus críticas a la sociedad capitalista, tuvieron eco en las protestas estudiantiles de la época. En el capitalismo temprano, decía Marcuse, el movimiento proletario era una fuerza con potencial efectivo para derribar al régimen. Pero en cambio en el capitalismo avanzado del estado del bienestar, con una mejora en el nivel de vida de los obreros, el movimiento proletario ha desaparecido porque reconoce Marcuse que las necesidades mismas del hombre inmerso en ésta sociedad del bienestar, son ficticias. Marcuse distingue entre necesidades reales y necesidades ficticias. No hace falta explicar en momentos de crisis económica, como la que sufrimos ahora, cuáles son las necesidades reales y las necesidades ficticias.
Un repaso por los líderes políticos también nos llevan a vislumbrar un cierto paralelismo con las ideas de Marcuse. De los líderes políticos reales hemos pasado a los líderes políticos ficticios. Ya no quieren derribar el régimen y ni siquiera cambiarlo, sino que ahora todos quieren sentarse en la poltrona del poder.
Marcuse hablaba de que, cuando se cambiaban las necesidades reales que provienen de la naturaleza del hombre, por las necesidades ficticias que provienen de la conciencia alienada contaminada por la falsedad, el hombre ha fetichizado su propia conciencia y no puede distinguir la realidad viviendo en una gran mentira, solo salvada porque siempre hay una cierta esperanza de cambio.
La realidad es que en Aguilar, porque es de Aguilar de donde hablamos, “el que nace lechón muere cochino”. El índice de paro estructural es y ha sido inaceptable siempre. ¿De qué han servido tantos años de gobierno municipal de la izquierda?
Los líderes reales con capacidad de derribar el régimen establecido, una vez convertidos ellos en el poder, se convirtieron en líderes ficticios. Los líderes de la izquierda pasaron a ser líderes  de la clase media alta, funcionarios con sueldo fijo, sobre todo maestros,  que no representaban al proletariado ni conocían los problemas de clase por no haberlos vivido nunca. Tampoco estos líderes ficticios tenían una carga ideológica con compromiso de clase, sino que era su objetivo sentarse en el poder en pos de un beneficio personal, bien fuera tras un primer empleo o una posibilidad de subida de escalafón. El resultado es el inmovilismo de Aguilar. Los aguilarenses del futuro deberán exigir responsabilidades a los gobernantes de esa izquierda dominante en Aguilar de la Frontera, incapaces de lograr un desarrollo económico generador de riqueza y empleo en la localidad.
Con el paso de los años, los partidos de la izquierda se multiplicaron dando como resultado nuevos partidos. Pero los dirigentes eran los mismos. Simplemente las cúpulas se desgajaron e hicieron su propio partido para seguir en el poder, aunque ello fuera a costa de su proletaria ideología. Lo importante eran ellos, no la clase trabajadora que tiene sus propias y profundas necesidades reales.
Aguilar puede vivir igual toda la vida. Inmóvil. Solo ocupada de subsidios y llena de carencias, pero con líderes ficticios pertenecientes a la clase media estable y funcionarial, ocupados de su propio puesto de trabajo y o de su promoción personal. Aguilar puede vivir toda la vida inmóvil  con líderes políticos ficticios a los que poco importan los problemas de clase pero que tienen bien aprendida la jerga de la progresía yoli, de que paguen más los que más tienen, los recortes sociales, lo público frente a lo privado, etc, etc, etc. En suma, una ideología y una jerga de hace más de doscientos años, de la era de la revolución industrial, que no sirve para resolver los problemas del necesitado actual.
Ningún líder político de Aguilar tiene ni ha tenido un proyecto para su pueblo, real. Hace años hice un estudio de los programas electorales y frente a un presupuesto de seiscientos millones para el funcionamiento de Aguilar, donde la partida de inversión no ascendía a más de cincuenta millones, prometían invertir cinco mil millones en Aguilar si les votaban. Estos líderes ficticios, engañando una y otra vez a su pueblo, se engañaban a ellos mismos porque no sabían ni de dónde sacar tal cantidad de dinero. Pero ello les ha funcionado a todos los partidos políticos. Solo que ahora ha llegado el momento para una nueva generación de pedir responsabilidades a sus gobernantes.
Siguiendo las teorías de un pensador de izquierdas y padre de la nueva izquierda, como es Marcuse, si tenemos líderes ficticios y la conciencia de clase está alienada y ha perdido toda posibilidad de cambio, ¿Dónde está esa esperanza a la que aludía? Desde luego no en el arte.
¿La esperanza vendría acaso en una alternancia de la derecha en el poder municipal? Yo no lo creo, aunque traería muchos beneficios, sin duda.
La sociedad moderna ha transcendido las derechas y las izquierdas, aunque les pese a los líderes ficticios que no representan a ninguna clase más que a ellos. Por consiguiente, la esperanza yo la veo en un auténtico líder local, que concite a la mayoría de los aguilarenses, sin ningún tinte de nacionalismo o localismo, también trasnochado. Un líder que concite a la gente que vivimos aquí y se haga sensible a los problemas del aguilarense de aquí y de ahora, de los jóvenes, de los parados, de los mayores, de la mujer sin oportunidades, de los niños. Y que se comprometa con ello sin atender ninguna “moción estúpida” que vienen de las cúpulas de sus ficticios partidos, atendiendo consignas que no interesan a los humanos que viven en el siglo veintiuno. Ya es hora de abandonar el léxico de la revolución industrial de hace doscientos años.
El joven aguilarense comienza a ver con cierta sorna, a los viejos líderes de la izquierda aguilarense pasear por las calles, ataviados con la bandolera de progres. Más les hubiera servido ser reconocidos por logros conseguidos, fruto de su propio trabajo político. Aguilar no tiene que agradecer ningún logro a esa izquierda. Tampoco a los líderes de su derecha, pero éstos no han gobernado en Aguilar todavía.
La gente de hoy día, tiene como referencia algo que no teníamos los mayores. Ellos han visto que dos veces que gobernó la izquierda en España, terminó con más de un veinte por ciento de paro. No se entiende muy bien que un trabajador vote a un partido que después le lleve al paro junto con más de seis millones de españoles. Sin embargo, otro partido demoníaco y contrario a sus ideologías, es el encargado de resolver los desaguisados del anterior. Estamos en una sociedad de ideología engañosa, en la que no entendemos bien el mensaje de nuestros líderes, porque son líderes ficticios, no son líderes reales.
Ante lo inadmisible de la situación de personas sufridoras de estas crisis tan tremendas, ya no hablaremos más de ideologías ficticias. La esperanza la encontraremos en un líder joven aguilarense del siglo veintiuno, que concite a todo el pueblo de Aguilar en un proyecto común para todos. Una cosa buena que hemos tenido en estos años, es haber aprendido a tener amistad con uno que piensa políticamente distinto a nosotros y a respetarlo. Además, antes que de ningún partido, somos aguilarenses y Aguilar nos une a todos, porque todos los que aquí vivimos, tenemos el mismo interés para nosotros y para nuestros hijos.
Marcuse hablaba de que la solución la encontraríamos en la vanguardia. No apuntaba más soluciones. Sí la apuntamos nosotros con nuestra llamada a un nuevo hombre por encima de las actuales ideologías y que se convierta en líder de su pueblo. Su ideología ha de ser la sensibilidad y el amor a sus gentes. Y ha de ser generoso, porque la empresa es de altos vuelos y en ella, los hombres se gastan.

Y reclinada en sus olivares, Aguilar permanece radiante a la espera de su líder del siglo veintiuno.