Cuando oigo hablar a un político
de la educación en valores a los niños en la escuela, no dejo de sorprenderme
una y otra vez. No voy a distinguir entre políticos de izquierdas ni de
derechas. Aunque es la izquierda la que no soporta que nadie entre a controlar
la educación más que ellos. De las siete u ocho leyes de educación creadas en
España, en la época de la democracia, siete pertenecen a la izquierda y la que
no pertenece, solo duró unos meses en vigor. Ahora una nueva ley de educación
de la derecha quiere ver la luz. Veremos a ver si puede hacerlo.
Me sorprendo cuando oigo hablar
de la educación en valores, porque hay que preguntar primero de qué valores son
de los que hablamos. Seguro que no hablamos de los mismos. La violación de la
confianza y la fe debida a alguien, es una infidencia. Por ello se encarcela a
políticos en otros países. Cuando votamos a nuestros ediles y alcaldes en
Aguilar, les damos nuestra confianza y nunca ellos pueden utilizar el cargo
para sus propios intereses o en beneficio de su propio partido. Este es el
primer valor en que un político debe ser educado.
Un político se debe hacer
acreedor de la confianza del pueblo y no engañarnos una vez conseguido el cargo electo. Sin embargo,
¿cuántos políticos han utilizado el cargo electo para su promoción personal o
para su beneficio personal? Estos políticos son infidentes.
Hace años vivimos en Aguilar una
época revulsiva en la que Izquierda Unida sacaba al pueblo a la calle en
protesta de la mala gestión del Ayuntamiento con la empresa de claveles y
ponían como ejemplo de gestión sus propios invernaderos en la carretera de la
Fuente de Don Marcelo. También desataron una furibunda persecución contra todas
las construcciones ilegales desparramadas por el casco urbano y sus
extrarradios. Hoy los invernaderos de Izquierda Unida se han convertido por
arte de birlibirloque en los chalets de Izquierda Unida, sin claveles y
convertidos en edificaciones sin papeles. Este partido es infidente.
Un alcalde reciente que no sabía
que infidencia es hacer una cosa legal utilizando métodos ilegales, cambia el
sentido de tráfico de una calle en perjuicio de los vecinos y en beneficio de
algún amigo, con la consabida argumentación de que es bueno para los demás. Y
mientras él fuera el alcalde ello se quedaría así. Naturalmente la violación de
la confianza aquí es una alcaldada, pero la educación en valores de los
políticos…no contemplan este valor. Este alcalde era un infidente.
El arte del empleo público está
lleno de infidencias. Se colocan a personas utilizando unas formas poco
legales. Otras veces la infidencia con el pueblo está en presentarse a unas
elecciones para representar al pueblo cuando en realidad lo único que se
pretende es tener un empleo. Además, la infidencia no abarca solo a un partido
sino a todos, por lo que nos cabe preguntarnos por el grado de confianza que
nos merecen nuestros partidos aguilarenses.
Nuestros ayuntamientos están llenos
de infidencias porque a muchos empleados públicos no se le ha ocurrido ganarse
la confianza de los administrados. Con ganar unas oposiciones han cumplido con
el mundo y no saben, que tal vez con ellos sí, con los demás no. Los empleados
públicos que solo se ocupan de su trabajo y no se ocupan de los administrados
en su trabajo, son infidentes.
Creo que estamos necesitando un líder
que comprenda lo que es la infidencia y lo demuestre. Ello se conseguiría
eligiendo un alcalde fuera de las listas de los partidos políticos, o como mal
menor, que fuera el alcalde el elegido con mayor número de votos. No es que sea
una condición suficiente, pero al menos es necesaria. Pero sobre todo, hay que
educar a nuestros hijos en la verdad, que sepan que la confianza hay que
ganársela siempre con nuestros actos y con lealtad a quien en ti confía. Por
eso yo propongo para los educadores de Aguilar, que eduquen poniendo al
descubierto la infidencia, para que en Aguilar, sea desterrada la infidencia
para siempre.
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