Parece que toda moda nace en la
ciudad. Y parece que la ciudad de la moda es Nueva York. Al menos todo nace
allí y las demás ciudades la copian. Nosotros como somos rurales, vivimos sin
estar contaminados de esa cultura de buscar lo último. Lo último es ser “más
distinto”. Es ser inconformista e ir “contracultura”.
Es curioso que un neoyorquino,
urbanita por cierto, no tenga otra cosa mejor que hacer que andar por sus
calles. Y en sus calles va de compras y de bares. También a veces asiste,
las menos, a alguna manifestación cultural. Esos urbanitas que van a los bares
en Nueva York, se convierten en un desfile de muertos vivientes de la bohemia.
Salen a la calle a fumar, porque les han prohibido fumar en los bares,
consultan su correo electrónico en su iPad y en su afán de ser modernos, se
ponen todo tipo de gorros en la cabeza, visten con prendas andrajosas de marca,
la raya del pelo desaparecida y en su reclamo de ser modernos, se hacen
inconformistas. Esta gente son abogados, financieros, intermediarios,
profesionales de todo tipo, pero todos ellos, conforman un ejército de
consumidores de pro.
Aquí en España, algún progre nos
habla de hípsters, yuppies, yupsters, tourist, rednecks, beer snobs, frat boys,
frat yuppies, uber-hipsters, indie yuppie… y parece que nos está contando algo
maravilloso de otro mundo.
A este paleto, “redneck”, que es,
vive y ejerce de hombre rural, el urbanita señor Monedero le impresionó hace un
par de días en su entrevista en televisión. Llamó pijos a los votantes del
nuevo partido político de Ciudadanos y hipsters, es decir inconformistas, a los
votantes del partido político de Podemos. Ejerció de intelectual y snob
queriendo vender “la burra”. Los tele espectadores pudieron pensar que los hípsters eran inconformistas
con la clase política y con las ideas, pero nada más lejos de la realidad.
Nosotros en los pueblos sabemos que los Punk de Nueva York, hípsters, yuppies,
beer snobs, frat boys, etc, en su afán
por ser inconformistas, llenaron las plazas y los locales de barras. Pagaban
sus grandes consumiciones y se
convirtieron en los inconformistas “hípsters”, consumistas, y muertos zumbies
de una sociedad estúpida y consumista. Luego el señor Monedero si quiere llamar
a los votantes de Podemos, hípsters, será su responsabilidad. Nosotros en el
pueblo llamamos “moscas cojoneras” a algo muy parecido, siendo este epíteto
mucho mejor y más benévolo que el original del hípster neoyorquino.
En el mayo del 68, los jóvenes
fuimos muy fervientes de aquel movimiento de Cold Bendit que puso contra las
cuerdas el sistema establecido. Años después nos desilusionamos al ver a
nuestro líder lejos de sus ideas e inmerso en la sociedad de consumo. En los 60
y 70 vivimos la tontería del esnobista y vimos pasar raudo, aquella estéril
moda. Conocimos la moda del yuppie en nuestras empresas, que solo necesitaron
unos años para quebrar todas las empresas a las que entraron a trabajar. Pero
era una moda importada de USA. Ya un poco más mayores, estamos valorando que construimos
entre todos una gran nación de la que nos sentimos muy orgullosos y que tenemos
que mantener a toda costa. Y que por supuesto, tenemos que cambiar la
corrupción de la clase política y la de la que no es política, mirándonos
primero por dentro y no siempre para afuera, para los demás.
Políticamente está muy bien ser
de la contracultura, ser inconformista y querer arreglar aquello que no está
bien. Eso también lo decimos en el mundo rural. Lo que sucede es que la
estrategia a seguir no puede ser de “connivencia” sino de ruptura. Y los
hípsters son de connivencia, en realidad no quieren ir más allá y dejar su
sociedad de consumo. No representan los intereses de los más desfavorecidos ni
de la clase trabajadora, pues la mayoría de los "podemitas" son funcionarios, aunque usan lenguajes
de la revolución industrial del siglo dieciocho, populistas. Todo ello es un
espejismo.
Nosotros en el campo, en nuestro
pueblo, en nuestro mundo rural, sabemos que los eruditos de la Universidad como
usted, no pueden abanderar nuestros intereses de cambio a una sociedad mejor.
Posiblemente sea usted uno de esos de la ciudad, a los que les pican las
hormigas. Nunca nos engañan aunque vayan de intelectuales, entre otras cosas,
porque nosotros tenemos algo que “Salamanca no presta” y que es “la lógica natural
y humilde del hombre del campo”. Y en nuestra lógica del campo llamamos a los
rednecks, paletos, a los frat boys, niños de papá, a los beer snobs,
borrachuzos, a los yuppies, jilipollas y a los hípsters, moscas cojoneras. Y
aceptamos a caballeros que quieran ser nuestros políticos, vengan de donde
vengan, si de verdad quieren servir al pueblo. De nuestro pueblo de al lado
tuvimos uno y se llamó Suárez. Fue un “Caballero de Ávila”. Señor Monedero,
aceptaríamos “Chuletón de Ávila”, ni hípsters, ni indie yuppie. Es decir, ni
inconformistas de barrio, ni niños bobos. Y no sigo porque como diría nuestro “Pillo” en
la sala de grabación de sus discos y cassettes… ¡Señores vamos a terminar que
tengo que ordeñar las vacas!
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