sábado, 5 de abril de 2014

DESAPARICIÓN DE ANGELINES ZURERA

(Publicado en 2014, en el Aljamíz un escrito en Aguilar de la Frontera del 27/09/2008. Ya no son siete meses, son seis años de sufrimiento familiar.)

Son siete meses ya de la desaparición de Angelines. El pueblo se reúne en la plaza de Aguilar para recordar su desaparición, dar ánimos a la familia y solicitar a las autoridades el que no se olviden del caso. Todo con lágrimas contenidas, rabia contenida, dolor contenido…todo, contenido.
Cuando regreso a casa no puedo más que acordarme de aquellos poemas de Quevedo. ¡Pues amarga la verdad quiero echarla de mi boca y si al alma su hiel toca, esconderla, es necedad…! Entonces tengo ganas de mirar y dirigirme a quienes nos mandan y no precisamente conteniéndome. Cuando pienso en éste pueblo, como tantos en España, tan tranquilos y lleno de buenas gentes sencillas, honradas, hospitalarias, trabajadoras… me pregunto porqué nos están llegando lo malo de una sociedad moderna, que hasta ahora solamente lo veíamos en la televisión. Intento contenerme.
Cojo un libro de Miguel Hernández y leo. “No soy de un pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embargan yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Nunca medraron los bueyes en los páramos de España”. Ya solo pienso en las autoridades. Miro a mi alrededor y veo un alcalde, un juez, un comandante de puesto de la Guardia Civil. Y mil políticos.
Sigo leyendo. ¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza?...Asturianos de braveza…andaluces de relámpagos…castellanos de alma…labrados como la tierra y airosos como las alas. Yo quiero gritar, sin contenerme, junto con los aguilarenses, al alcalde, al juez, al comandante de puesto de la Guardia Civil, al Delegado de Gobierno de Córdoba, a todas las instancias provinciales, que paren ya el dolor de ésta familia. ¿Para qué queremos gobernantes que cuando le pasa algo a la gente buena no saben resolverlo?
No se trata de conceder el beneficio de la duda. Ni se trata de conceder la confianza en las instituciones. No se trata de echar brindis al sol. Se trata de resolver.
Una autoridad no se gana en unas oposiciones, ni con el nombramiento de un cargo, ni siquiera en unas votaciones. La autoridad la regala el pueblo por agradecimiento de una meritoria actuación bien reconocida. Sigo leyendo. “Yugos os quieren poner gentes de la hierba mala…” ¡Basta ya de sufrimiento, autoridades! Pido compasión para Angelines y su familia. ¡Resolver!
Hace unos años coincidí con Angelines en el postoperatorio de su padre y de mi hijo, en el hospital de Cabra. Allí las horas se hacían eternas. Ella cuidaba a su padre. Yo cuidaba a mi hijo. Como gente de bien. Gente normal. Preocupados por los nuestros. Ahora un drama innecesario le ha tocado a ella. Nos ha podido tocar a cualquiera. Y pienso en el origen de estas lacras. La droga entra en los pueblos…impunemente. Los valores individuales se pierden a favor de los sociales. La educación es un valor a la baja, está bien visto no querer estudiar… No quiero seguir. No es el momento. Pero me dirijo a las autoridades sin ninguna contención. Sigo leyendo. “Que mi voz suba a los montes y baje a la tierra y truene, eso pide mi garganta...” Maldita suerte. Sigo leyendo. “Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene, y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue, en los veneros del pueblo desde ahora y desde siempre. Varios tragos es la vida y un solo trago es la muerte.”  
¡Ojalá Angelines esté viva! ¡Ojalá se haya ido voluntariamente para quitarse del yugo de problemas irredentos! Pero si no es así, señores autoridades, terminar con el drama de ésta familia. Resolver el caso.

Sigo leyendo a Miguel Hernández. “Crepúsculo de los bueyes, está despuntando el alba.”  Que así sea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario