(Publicado en el
Aljamíz en el 2014, para preservar la memoria del que fue un gran hombre, paria
entre los parias, pero un aguilarense nuestro.)
Aguilar, enero 2008
Esta
noticia la oí como un cotidiano comentario ayer día diez de enero. Me causó
cierto sentimiento porque éste hombre, con el que nunca hablé, me caía bien. Lo
conocía todo el mundo como el latonero porque era de aquellos que restañaba el
latón, arreglaban las varillas de los paraguas y eran de aquellos trabajadores
errantes y callejeros que arreglaban las cosas de los pobres. Lo conocí hace más
de treinta años cuando vivía en una de las cuevas del Castillo de Aguilar. Allí
sin agua ni luz. Entre las ratas de la hoya de la cantera y vertedero donde se
ubicaba su cueva. Desde entonces me
causó sensación su porte erguido, serio, mayestático y enjuto. Tenía la piel
curtida por el frío y el sol de la intemperie. Sus arrugas eran simas profundas
labradas por las incomodidades. Y sin embargo, tenía maneras de Señor.
El
latonero, podía ser un quinqui o merchero, dedicado a la quincalla o cosas de
metal barato. La forma de vida de estas personas era el nomadismo, la venta
ambulante y el chabolismo. Creo que le conocí alguna familia que desapareció
hace muchos años de la cueva. Pero durante años y años lo vi solo en su cueva
del Castillo.
Un
buen día fue sacado de la cueva y llevado a la Residencia Municipal de Ancianos
de Aguilar. Y allí se obró un milagro. Esta residencia, que yo mismo denostaba
por otros motivos, fue el palacio de éste Señor durante años, hasta su muerte. Lo vimos arreglado y limpio por las calles.
Con sus filigranas de hojalata entre sus manos que exponía en exposiciones de
la Residencia Municipal de Ancianos. Este hombre, el Señor de los don nadie,
era buena persona. Vivió de lo que la naturaleza le dio sin molestar a nadie.
No creo que fuera cliente de los bancos ni de los centros comerciales. No creo
que se distinguiera por tener nunca nada. Es posible que le dieran una pensión
de beneficencia y le otorgara el pueblo de Aguilar, la gracia de vivir sus
últimos años en la Residencia Municipal de Ancianos. Yo le recuerdo vestido con
ropas sencillas. Pero impecable. De aspecto no bello. Pero limpio. Las
enfermedades adquiridas le pasaron factura hasta perder un ojo. Pero seguía
caminando por la calle como el Señor que era. Caminar lento y pausado, sin
prisas, en silencio, sin molestar a nadie. Como su vida.
Mi
mujer me dijo que en Navidad le dieron la extremaunción y alguien que fue
testigo del momento, quedó impactado por la devoción con que aquel Señor
recibió el sacramento. Agarrado de la mano de una cuidadora, un Señor recibió
al otro Señor. Desde aquí quiero decir a las cuidadoras y cuidadores del Asilo,
que me siento orgulloso de ellos y que les rindo mi pleitesía de honra y honor.
Ya
murió otro paria. Tal vez su memoria haya desaparecido de éste mundo. ¿A quién
podría importarle? No sé siquiera si hubo mucha gente en el entierro, pero no
me equivoco al pensar que estarían los justos. ¡Y otro a las cuatro fanegas a
descansar eternamente!. Pero no. Yo no creo que se haya ido un paria más. Este Señor, ha sido recibido por el mismísimo
San Pedro que ha salido a recibirle con todas las trompetas angélicas. Le han
llevado en trono de marfil ante el Altísimo y Dios le ha sentado a su diestra
para toda la eternidad. Allí está ahora el Señor latonero. En vida nunca tuvo
nada, ahora le sobra todo. Allí estará con otros que lo tuvieron todo en la
vida, pero a éstos, no les fue a recibir San Pedro.
Quiero
que ésta nota sea un homenaje a éste Señor Latonero y le pido a los
aguilarenses que le rindan homenaje. Que su memoria quede en los anales de la
historia de Aguilar como un hijo de Aguilar, bueno. Sin poseer nunca nada,
viviendo en una cueva, sin alcurnia, sin blasones.
El
auro de la paz, entre estandartes del cielo y ejércitos de querubines, sale a
recibir al victorioso Señor Latonero de Aguilar. Buen hombre y mejor persona.
Y
con cosas así me siento orgulloso de ser de Aguilar. Un hombre que fue cuidado
hasta su muerte como un hijo de Aguilar. Por aguilarenses y desde las
instituciones de Aguilar. Y era un hombre bueno, por ello reivindico su
memoria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario